miércoles, 6 de julio de 2016

El regreso de Ulises a Ítaca (3ª parte)

Los dioses del Olimpo se enteran que Ulises está sumido en la tristeza por no poder regresar a su hogar y se apiadan de él, excepto Poseidón, que no le perdona la agresión que dejó ciego su hijo Polifemo. Pero aprovechando que el dios de las aguas está de viaje, Atenea consigue persuadir a Zeus para que le ayude.


Antonio Canova: Regreso de Telémaco a Ítaca y encuentro con Penélope
Regreso de Telémaco a Ítaca y encuentro con Penélope

El dios manda a Hermes a Ogigia, para que haga saber a Calipso que Ulises debe ya dejar de sufrir y hay que ayudarle a volver a Ítaca. La ninfa obedece y juntos construyen una barca para que el héroe se haga a la mar, además de proporcionarle víveres para el viaje.



Cuando Ulises ya lleva casi veinte días de travesía, Poseidón se entera que en su ausencia lo han dejado partir y enfurecido hace crecer una enorme tormenta para que haga naufragar su embarcación. El héroe lucha contra la fuerza de las aguas y está a punto de perecer, pero una ninfa marina lo descubre y lo arrastra hacia la orilla hasta ponerle a salvo. Solo y agotado, se deja vencer por el sueño al amparo de una densa arboleda.


Salvado por una princesa

Ulises, todavía adormilado, escucha risas cerca de él. Se levanta dando tumbos y descubre a una princesa y a sus doncellas. Aliviado, se postra a sus pies implorando ayuda. La mujer le explica que es la princesa Nausicaa, hija del rey Alcinoo, y que puede quedarse en su palacio. A continuación le ofrece ropa en condiciones y alimentos.

Ulises se presenta ante el monarca de los feacios, Alcinoo, que le facilita una embarcación para que pueda regresar a su hogar.


La llegada a Ítaca

Ulises parte rumbo a Ítaca, pero está tan agotado que llega dormido, así que los marineros lo bajan del barco y lo dejan en la playa. Cuando despierta, la diosa Atenea se le aparece para comunicarle que ha llegado a su destino, pero le aconseja que no comunique su identidad a nadie.

Ulises, disfrazado de mendigo, decide dirigirse a casa de su más querido sirviente, Eumeo, que no le reconoce, pero le acoge en su cabaña con amabilidad. Durante la cena le cuenta preocupado como en el palacio del rey hay más de cien príncipes deseando casarse con Penélope, convencidos todos de la muerte de Ulises. En ese momento, Telémaco, su hijo, entra en la cabaña, recién llegado de Esparta. El héroe no puede evitar emocionarse al ver como Eumeo recibe al muchacho como si de su propio hijo se tratase.

El sirviente sale a comunicar a Penélope el regreso de su hijo, y éste se queda con su padre a solas. Al instante Atenea le quita los ropajes de mendigo al héroe y Telémaco lo reconoce de inmediato, fundiéndose ambos en un gran abrazo.

Ulises se disfraza de nuevo para que Eumeo a su regreso no lo reconozca y lo convence para que lo lleve a palacio con él y poder así pedir limosna allí. El sirviente accede y al llegar se enteran que Penélope ha comunicado a sus invitados que convencida, después de esperar tantos años, de la muerte de su esposo, accederá a desposarse con uno de ellos.

Beatriz Moragues - Derechos Reservados



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