jueves, 26 de mayo de 2016

Hermes, el mensajero de los dioses

En sus principios, ya en el II milenio a.C., Hermes fue adorado como el señor de los animales, con dominio sobre todas las criaturas salvajes. Para pasar más tarde a representar las cualidades mercuriales, como dios de los viajeros y las fronteras.
Hermes
Hermes
Mercurio era el dios de los rebaños, de los caminantes, de los negociantes y de los timadores. Al mismo tiempo era el enviado de los dioses y el que acompañaba a las almas de los muertos al submundo.

Se cuenta que Hermes nació en el monte Cileno. Su progenitor era el gran Zeus, rey del Olimpo; y su madre era la diosa Maya, hija de Atlas, el encargado de sostener el mundo.
Con el paso del tiempo, la ocupación de Hermes en el Olimpo era ser mensajero de los dioses. Sin embargo, Hermes siempre tuvo fama de astuto, pícaro y tramposo. Y se cuenta que él inventó los dados, para con ellos poder hacer trampas en el juego. Cuando se tenía un golpe de suerte, se comentaba que era “un regalo de Hermes”.
Cuando dos o más personas se quedaban en silencio, a lo que mucha gente en la actualidad dice “ha pasado un ángel”, antes se afirmaba: “Hermes ha entrado en la habitación”.
Los romanos que se dedicaban a la compraventa lo convirtieron en su dios, incluso salpicaban sus productos con el agua de una fuente dedicada a él.
La otra misión de Hermes era mucho más importante, ya que debía guiar las almas de los difuntos hacia el reino de Hades, el lugar al que debían acudir todos los mortales. A Hermes se le encomendó este cometido porque era el dios de los caminos, y antiguamente a las personas se las sepultaba al borde de los senderos.
Pero lo más esencial, es que Hermes estaba preparado para traspasar las fronteras más importantes y era el único dios al que Zeus había dado permiso para atravesar sin problemas todos los mundos: la Tierra, el Olimpo y el mundo de los muertos.

Beatriz Moragues - Derechos Reservados


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